Crónica del Maratón de Boston 2019

Ya pasaron casi dos meses y hoy por fin te comparto esto 🙂

Llegué a Boston más entrenada que nunca, el proceso fue rico: tres meses antes fui a comer con Fer, mi entrenador y le conté que, por primera vez, tenía un chorro de tiempo disponible para correr y quería aplicar doble sesión. Y lo hicimos, cada semana me llegaba un entrenamiento más rudo, corría en la mañana y en la tarde. Tomaba siestas en los días más intensos y vi a un nutriólogo que me ayudó a no sentirme cansada todo el tiempo, descubrimos que me faltaban algunos minerales, y los integré. Logré semanas de más de 100 kilómetros, que antes hubiera creído imposibles (estaba convencida de que mis rodillas no aguantaban eso), jamás tuve una lesión, aunque sí cansancio que resolvía con masajes de descarga cada semana con Kary. Me sentía tan pro.

Llegué a Boston emocionada y nerviosa, hostal, expo, trote de mexicanos y a guardarnos todo el domingo acostadas en pijama Fer Arguijo y yo (nada como una compañera de viaje que va exacto a lo mismo que tú). No sabíamos cómo iba a estar el clima, típico de Boston, caí en la histeria y arrastré a Fer a buscar calcetines impermeables, el empleado me abrió los ojos y fin de la historia. El domingo cenamos sopa y sándwich de pavo en Panera Bread y a dormir. El lunes amaneció diluviando, nos vestimos, desayunamos (avena, plátano y café), nos plastificamos y salimos a tomar el camión rumbo a Hopkinton. Las banquetas se habían vuelto ríos y los tenis se empaparon con todo y bolsas. Ya en el camión hubo calorcito y vidrios empañados por hora y media. Escuché una meditación y dormí un poco. Llegamos a la villa de atletas y no llovía, fuimos por un café y nos encontramos a Ana Janeth, otra amiga de Torreón, caminamos al baño pero las filas eran interminables. Nos fuimos a los corrales, el mío era el primero y me ponía nerviosa que lo cerraran. Me encontré a Pepe Tena y Luisito, nos deseamos éxito, me despedí de Fer y Janeth y caminé entre desconocidos hacia la oleada 8 del corral 1. Pasé al baño, conseguí Body Glide de un desconocido para las piernas y a formarme. 5, 4, 3, 2 ¡salida! Bajada, no te aloques, subida, el corral estaba atascado, nunca me había pasado esto en las otras oleadas, tres kilómetros intentando salir de la bola y encontrar mi ritmo, por fin lo logré y me concentré en no bajar muy duro, mi ritmo fluctuaba y yo no entraba en “la zona” en la que todo fluye. Pero el ritmo objetivo era 4:10 min/km y estaba sucediendo, pasé el 5 y bien, el 10 también, alguien se me acercó, dijo mi nombre y preguntó por cuánto iba y yo así de WTF plis no me hables AHORITA. Por ahí del 13 moría por ir al baño y decidí ignorarlo pero no funcionó, después de pensarlo mucho decidí pasar (jamás había ido al baño en un maratón), preferí mi paz mental sobre un par de minutos, ni modo. Saliendo del baño dije a fregarle, a recuperar esos minutos, ¡vamos! Pero nomás no entraba en la zona donde me olvido del cuerpo y todo fluye, no, el ritmo se sentía cómodo, pero yo estaba como de malas y no sé por qué. Había 90% de humedad y comencé a sentir mucho calor, el de adelante aventó la playera e hice lo mismo, me quedé en top chsm, mejor cómoda que tapada. Desde el arranque comí una Dextro cada 10 min y un gel cada 40 y tomé agua en cada puesto, eso me mantuvo con la pila al cien.

En el 18 me volví a meter al baño, pero ahora sí como a descansar, estaba pensando demasiadas cosas, estaba agobiada, no estaban cansadas mis piernas sino mi cabeza, ¿te ha pasado? Salí y comencé a conectar con mi elemento, el tiempo no iba tan mal, “solo tienes que llegar a la milla 15 y luego mantener hasta la 20, solo eso, 5 y 5 más.” Pero mi mente decía “no manches eso es lejos, qué vamos a hacer mientras.” Entonces entramos a Wellesey, un área escolar donde las chavas hacen un súper escándalo de porras, sus gritos me llenaron de energia y felicidad y comenzó a prender mi motor de maratones. “Estoy fuerte y veloz,” me repetía sin parar. Un niñito sostenía un cartel que decía PLEASE SMILE, lo hice y comenzó a fluir la felicidad. Entramos a Newton, ¿tan pronto? Sí, milla 17, la primera de las cuatro cuestas estaba frente a mí, imponente, “son solo cuatro castillitos, equis, atácala, mantén el paso”, Pum, subí la primera, buen paso, cualquier paso es mejor que pararse, 4:55, 5:10, no importa, agua, Gatorade, Dextro, planito, recupera, ¡vamos por la segunda! Una bajadita en el kilómetro 30, ¡sí! Llegamos al letrero “This is the top of Heartbreak Hill” ¿Neta ya? No, falta un cachito, recupera, kilómetro 34, 5:22, kilómetro 14, 4:14, recupera, vamos, solo siete y la meta, “estoy fuerte, feliz y veloz,” me repetí mil veces. Di un sprint para despertar las piernas. De pronto vi las vías del tren, íbamos entrando a la ciudad, aquí sí que estaba en mi elemento, tenía energía y corría con toda mi capacidad, apareció el letrero de Citgo a lo lejos, una vez llegando allí sería solo una milla hasta la meta, vamos, se acerca.

Aprieta, km 39, 40, en el 42 mi reloj se trabó, se paró y me preguntó si quería actualizar y yo así de REALLY? Jaja le apreté lo que sea y seguí, comenzaron a llegarme notificaciones, las había bloqueado solo durante el tiempo que pensé hacer, que no sucedió, entonces tapaban toda la pantalla y no me permitían ver mi ritmo ni nada. Kilómetro 41, falta ya solo 1.195, vamos, vamooooos, entramos al centro, porras, paso a desnivel, salimos entre gritos, ¡cierra con todo lo que traes! Bajadita, Hereford, vuelta, Boylston. Puedo ver la meta, ya casi, veo el reloj y no entiendo mi tiempo, pero acelero para cerrar dentro de ese minuto, dale, 4:30, cierra, cierra, FIN.

¿Cuánto hice? ¿Qué pasó? ¿Por qué me sentí así? Se me acerca un chavo y me dice: ¿Soy yo o eso estuvo rudo? Y yo así de no, estuvo RUDO. Me toman fotos, me encuentro a Tania (Dios, su sonrisa y su actitud siempre me impresionan), nos topamos a Regina (RESPECT), vamos al parque, comienzan a aparecer los amigos, todos quemados, contentos, cansados, sacados de onda. No fue solo en mi mente, sí fue un Boston intenso (¿cuál no, Araiz?). En algún momento, pasando el kilómetro 30, decidí soltar mis expectativas y disfrutar, entendí que no le debo explicaciones a nadie y que ser amable con mi cuerpo será siempre mi mayor prioridad.

Esa tarde y el día después fueron raros, no estaba agotada, sentí que me quedé con mucha energía, que no di el cien, incluso mi reloj me dio un tiempo de recuperación cortito. Esta vez mi cuerpo llegó con todo al maratón, pero mi cabeza no andaba en las mismas. Y bueno, un “mal día” de 3:10 hubiera sido un sueño loco hace tan solo un año. Me paré tres veces al baño porque no cuidé al cien lo que comí, pero eso también tiene que ver con esto que te cuento, no creo que nada “te suceda”, todo depende de ti y cómo te sientes.

Entonces te comparto lo que aprendí: De ahora en adelante pondré mis expectativas exclusivamente en mis manos y no en las de nadie más, compartirlas drena mi energía y no me viene bien. La otra es siempre respetar Boston, pensar bien cada cosa que como y desconectarme tantito de las redes sociales para ver menos hacia afuera y más hacia dentro, eso <3. Tienes que estar para ti cuando más te necesitas y que el mundo gire.

Y sí, me dio miedo mi plan de carrera, era muy loco y ambicioso, pero ¿sabes qué descubrí? Que sí puedo :D, me siento feliz y con confianza para lo que viene. Ese fue el mejor resultado que mi cuerpo y mente pudieron dar en ese momento de acuerdo a todas mis circunstancias, aprendí algo importante para mí que pondré en práctica a la siguiente. Sí, amigos, incluso en tu maratón 24 te puede pasar, nunca hay que creer que ya lo dominas todo ni sentirte el más fregón, pero sí hay que llegar con seguridad y confianza en lo que has trabajado.

Y ya, eso les quería contar, espero que mi experiencia y aprendizajes les sirvan de algo para sus carreras, gracias por leerme.

Abrazo,

Araiz

7 comentarios sobre “Crónica del Maratón de Boston 2019

  1. EXCELENTE ARAIZ QUE BONITA CRONITA DE TU MARATON, TENIA MUCHO RATO DE NO VER TUS CRONICAS Q BIEN Q SIGUES CORRIENDO DESPUES DE TUS PROBLEMITAS DE SALUD Q HABIAS TENIDO CUANDO TE ACCIDENTARON, HASTA AHI TE SEGUI.
    TU INFORMACIÓN ME LLENA DE MUCHO ENTUSIASMO PARA CORRER AL FIN MI PRIMER MARATÓN EN LA CD DE MX ESTE 25 DE AGOSTO PROXIMO, DESPUES DE TENER DE EXPERIENCIA 17 MEDIOS MARATONES EN VARIOS ESTADOS DEL PAIS POR FIN ME ANIME Y YA ME INSCRIBI, ESPERO TENER UNA EXPERIENCIA TOTAL QUE ME DE MAS ANIMOS DE CORRER EN OTROS PAISES NO ES FACIL PERO LO MAS IMPORTANTE PARA MI ES POR LO PRONTO HACER MIMEJOR TIEMPO POSIBLE…

    CON EL GUSTO DE SIEMPRE TE SALUDOS AMIGA ARAIZ DESDE LA TIERRA DEL EDEN EN TABASCO…Y TE SIGO DESEANDO MUCHOS EXITOS EN TUS CARRERAS Y EN TU TRABAJO, UN HASTA PRONTO…

    BYE BYE

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  2. Te leí y me emocioné, casi pude sentir eso que se siente en cada kilómetro de un maratón. Yo soy maratonista de las lentas de 8km/hora pero leerte me emociona, creo que debo confiar más en mi cuerpo y dar más. Mientras descubro como hacerlo trataré de dar un poco más en mi 5to. maratón de Berlín. Si algun día vienes a correr en Berlín me encantaría saludarte.
    Saludos,
    Ali García.

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  3. Has oído la palabra “sobre-entrenamiento”?? Me extraña que una experienced como tu ni la mencione en tu relato. Claramente llegaste sobre-entrenada un adecuado taper no es nomas bajarle 2 o 3 semanas y tu lo sabe. Tambien te puedo decir, pero dudo que no lo sepas preparacion mental hace siempre falta y claramente corriste Boston como correr cualquier triste carrerita. No respectaste Boston. Boston se tiene que correr como haciendo una oracion, como en trance, con la mente enfocada y el corazon puesto por delante correr encabronada, not in the mood es lo peor y Boston eso lo castiga. Y para termino te digo que mal que en tu relato no incluyas un analisis de causes de no haber corrido bien no incluyas tu tiempo que solo cuando es bueno lo compartes? Si te ostentas running influencer es lo menos que se espera. Espero mejorar de ti.
    Moni

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