¡Listos los 32 K!

¡Listo! los 32 kilómetros, distancia más larga que correría en mi entrenamiento para el Maratón de Monterrey, me los aventé ayer en la mañana, muy feliz acompañada por Los Painanis (Marcelino, Oliver y Leo) y Nadia, mi amiga del Twitter que recién conocí en persona y que esa mañana hizo por primera vez 32 K (una guerrera, no se quejó ni poquito :)).

Un día antes estaba nerviosa, como si se tratara ya del Maratón, desayuné molletes, comí spaghetti, me hidraté y hasta me dormí temprano. No estaba 100% segura de lograr los 32 K sin problema, el fantasma de la cirugía todavía me daba vueltas en la cabeza. El domingo me desperté temprano, desayuné un Ensure de vainilla, me alisté y salí a terminar con esa distancia. Fuimos del Caballito al Hard Rock, entramos al Bosque de Chapultepec, de ahí fuimos a La Villa, después al Zócalo, la Diana y cerramos de nuevo en El Caballito. Un par de ampollas y dolorcito leve en las piernas fueron todos los daños, pero conseguí toda la confianza de que haré mi 42 K dentro de un mes en el tiempo que quiero y lo disfrutaré, ¡pues ya estoy lista!

En esta foto ya íbamos por los últimos kilómetros, se nota en mi cara ¿no? xD

¡Y aquí felices después de terminar! 🙂

Apenas terminamos, corrimos a desayunar a un café de chinos que está frente al Caballito con Sandra Trejo, que se nos unió al final. Después de entrenamientos o carreras largas, el Gatorade hace que se me vaya el apetito por un buen rato, así que sólo tomé café y pan, estaba delicioso. Entre plática y risas se nos fueron más de dos horas. Definitivamente, sin el apoyo de estos amigos el entrenamiento me hubiera costado el doble ¡muchas gracias!

Oliver aprovechó para recargar carbohidratos con medio kilo de arroz ¡que se terminó! jaja (la cara de susto de Leo)

Y llegando a mi depa, me sumergí en hielos y agua helada, hacía frío, entonces me metí con todo y chamarra. Me costó horrores, me dolían los pies del frío, pero valió la pena, saliendo de ahí sentí la diferencia en las piernas y ahorita ya no me duele NADA.

Más tarde me vino el ataque de hambre y sentí mucho, mucho frío, me estaba dando hipoglucemia, un caldo tlalpeño calientito y un buen postre resolvieron el asunto. Caí rendida en mi cama y dormí hasta muy tarde. Hoy me levanté con el sol, muy descansada y feliz de haber logrado mis 32 K y haberlos disfrutado así. Fue una súper buena decisión hacer esta distancia en el domingo de puente, pues pude descansar hoy todo el día vegetando felizmente en mi depa :).

Estoy muy emocionada por Monterrey, ya hablé con Rubén Romero, él y Edilberto González (directores del Maratón) nos invitaron a un trote previo al Maratón, que será el sábado en la mañana, después nos reuniremos también con un grupo de corredores en la cena de carbohidratos. Conoceré en persona a muchos que sólo he tratado vía FB y TW y cargaré pila para conseguir mis 4:15 al día siguiente :).

Espero que su puente les haya servido para descansar y recargar energía para la semana, como a mí. ¡Felicidades si corrieron la Carrera TV Azteca y lograron sus objetivos! Acá una foto de hace unas horas.

¡Duerman rico!

Araiz

Encontré mi gimnasio ideal

En mi último post -que muy amablemente respondieron con consejos, experiencias y ánimos que me sirvieron más de lo que imaginan- sufría “como Precious” por no poder adaptar mis tiempos para correr con mi nuevo horario de trabajo. Pues ¿qué créen? ¡ya lo resolví!

Sí, una noche decidí caminar un tramo de regreso a mi casa, andaba, entonces, fascinada descubriendo la comunidad oriental que vive en  la Colonia Juárez, cuando me topé con el gimnasio perfecto para mí: ¡un lugar que abre las 24 horas! entré a conocerlo y descubrí una hermosa construcción antigua de techos altos y duela oscura en perfecto estado, de las paredes color lila colgaban cuadros de Roy Litchenstein (¡amo el arte pop!), los aparatos todos en lila y amarillo, sauna y un montón de caminadoras sin límite de tiempo. Me sentí en la gloria cuando la plática llegó a los precios, por lo que habría pagado en un mes en cualquier gimnasio de Santa Fé, acá pagaba tres meses de actividades ilimitadas. No lo pensé más y al siguiente día ya estaba ahí 5:30am y ¡lista para entrenar!

Ese día corrí 5 km y después, como aún no tengo permitido hacer pesas, me fui directo al sauna, 20 deliciosos minutos tras los cuales salí amando al mundo y todos sus animalitos. Desde entonces, cada día me levanto como si tuviera un resorte en la espalda, sin ningún esfuerzo, a las 5:20, tomo mi maleta del gym, me pongo una chamarra y en 10 minutos estoy en el gym :). Paso ahí unas dos horas diarias entre calentamiento, carrera, estiramientos, sauna y baño y salgo ya fresca, peinada y perfumada y feliz rumbo a la oficina. Los sábados me he visto con Montse para correr en Viveros y retomar ese capuchimoka post-carrera, con su respectiva hora de chisme. Estoy muy contenta y mucho más productiva a lo largo del día. Esta semana comenzaré a ir a las clases de yoga del gym por las noches, serán el cierre perfecto para mi día y una forma menos intensa de hacer ejercicios de fuerza ahora que no tengo permiso de levantar pesas.

Acá una foto que acabo de tomarme en la ofi, hoy intenté hacerme chinos con mi nueva tenaza. Espero mejorar jajaja.

Pues eso, mañana les tengo preparado un post sobre mi nueva maleta de gimnasio, un gran catch, pues es al mismo tiempo una maleta deportiva y una bolsa de vestir ¿apoco no, a muchas de ustedes, les hace falta una de esas?

 

¡Feliz lluviosa tarde!

Araiz

Araiz en el hospital (parte uno)

El hospital fueron muchas cosas: sangre, batitas de algodón, enfermeras color violeta, mucho yodo, jovensísimos doctores, comida extraña, amables policías, encierro, ayunos, hartazgo, llanto, risas y mucho, mucho crecimiento personal.

El miércoles 21 llegué  internarme para ser operada al día siguiente. A mi apéndice analizado le encontraron un pequeño tumor carcinoide dentro: 4 x 9 milímetros me hicieron volver al quirófano, pues el tumor había invadido la red linfática y había posibilidad de que algunos ganglios de mi intestino estuvieran afectados también ya.

Normalmente el apéndice retirado se lleva a analizar y los resultados se entregan una semana después, los médicos los revisan, se cercioran de que todo esté bien y si no, te llaman de inmediato. En mi caso no fue así: Mis doctores,  me vieron “muy joven y sana” y simplemente omitieron revisar los resultados del análisis a mi apéndice (cuestión de rutina). No sabían que ese mañana de enero, me acababan de quitar un tumor canceroso, no sabían que seis meses después alguien, por serendipia, encontraría mi caso en los archivos y me mandaría a llamar urgentemente. Negligencia, pues.

Total, detalles aparte, ese miércoles antes de que amaneciera, pasó por mi Beto Cuétara y nos fuimos al Sope al que sería mi último entrenamiento de “la temporada”: 16 km con el equipo de Total Running. Comencé a disfrutar cada kilómetro, tomármelos uno a uno, observar el Bosque, platicar con mis amigos del equipo, respirar el aire fresco de la mañana y en eso ¡Praaaaaas! Caí al piso víctima de una boya disfrazada de negro, aterricé en cámara lenta en el pavimento húmedo, rodillas y codo me protegieron de entregar los dientes. Me levanté en un segundo con ayuda de mis amigos y seguí corriendo como si nada.

Fue hasta los estiramientos del final cuando noté mis mallas rotas, rodillas y codo sangrantes y raspados. Ardía pero me pareció muy simpático. Tenía como 15 años desde la última vez que me había raspado las rodillas, me recordó que si, me volví adulta, pero no me quedé encerrada en la eterna rutina  de oficina- coche- casa, todavía salgo, corro, me caigo, me levanto y sigo adelante.

Volví a mi casa, preparé mi maleta con la lista de cosas que me indicaron en el hospital, me arreglé y salí risueña y nerviosa rumbo a la cirugía. Me pidieron internarme a las 12:00, eran ya 12:30 y yo seguía pegada a mi muffin y capuchino, evadiendo entrar. Mi mamá delicadamente me presionó, entramos, firmamos documentos, me asignaron la cama 125 y ahí comenzó todo. Análisis tras análisis, yo era la paciente más regia del lugar, subida en mis botas de tacón alto y siempre bromeando. Este espíritu luché por mantenerlo cada día a través de esta locura que fue mi experiencia hospitalaria. En su mayoría lo logré y me pude mantener a flote y a mi familia, que estaba tranquila gracias a mi actitud.


Me parecía una locura estar en el hospital, porque me sentía mejor que nunca de salud  y de ánimo, me sentía fuerte y en cada análisis que me hicieron previo a la operación, no se vio ni rastro del cáncer. Pero la red linfática estaba posiblemente invadida y eso no podíamos verlo en las radiografías, tomografías ni en algún otro estudio, así que decidieron que lo mejor era operarme por precaución. Yo ante ese panorama dudé, los cirujanos me llevaron una hoja que debía firmar y en la que se explicaban todos los riesgos del procedimiento: nada alentador, de hecho me pareció tétrico. No dormí esa noche, hicieron venir en la madrugada a muchos médicos que nos explicaron a fondo el caso y, finalmente, firmé la hoja con plena conciencia de lo que estaba aceptando.

Pues eso por hoy, amigos, tengo muchísimo que contarles y lo iré poniendo cada día por aquí.

Les agradezco de nuevo cada muestra de apoyo y cariño que han tenido conmigo en estos días, Dios los bendiga.

Hasta mañana, feliz día y no olviden que hoy el Maratón cumple 2,500 años, festéjenlo a su manera y saquen al Filípides que todos llevamos dentro 🙂

Abrazos

Araiz