Crónica del Nike Women’s Marathon de San Francisco

 

El 7 de marzo pasado, cuando crucé la meta de la Nike Nosotras Corremos con la cara pálida y las piernas sin fuerza, me sentíii completamente feliz y satisfecha de haber entregado por primera vez hasta el alma en una carrera y de, además, haber ganado por eso un viaje al Maratón de Mujeres de San Francisco, una carrera que siempre había querido correr y que esta vez haría por mérito propio :D. Este es el maratón de mujeres más grande del mundo y solo se puede conseguir entrada por medio de un sorteo, como en el caso de Nueva York, pues las inscripciones son súper cotizadas.

Después vinieron meses de entrenamientos y planes, como muchos de ustedes saben, cuando gané este premio ya estaba inscrita al Maratón de Chicago, que sería el domingo anterior, por lo que decidí correr ambos con una semana de diferencia. Y no crean que no me sonaba a una locura, pero estaba segura de que de alguna forma lo conseguiría. Planeé que fueran los únicos dos maratones que correría en el año y disminuí mi participación en carreras enfocada en este objetivo. Los meses pasaron y, de pronto, una madrugada lluviosa y helada de Chicago estaba metida en un vagón de metro lista para un viaje costa a costa rumbo a mis locuras. Toda la semana anterior, en Chicago, la había pasado comiendo rico y paseando, caminando todo el día, era inevitable en una ciudad tan hermosa, así que tenía varias dudas sobre cómo haría este maratón. Tenía la sensación de que, pasando el kilómetro 21 estaría pensando “quién me manda, poooooor qué no me inscribí simplemente al medio maratón, para qué me metí en esto yo solita” y más cosas por el estilo, con dolor y dificultad en las piernas. Pero eso no pasó, fue mágico y aquí les platico cómo estuvo.

Aterricé en San Francisco bastante harta, cansada y confundida. Tomé el shuttle rumbo a mi hotel, llegué a quitarme gorro, abrigo y todas las babosadas que el clima de Chicago me hacía traer encima. Me di un baño, me puse ropita ligera y salí por mi paquete.

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Union Square, plaza en que entregaban los paquetes y de la que saldría la carrera, quedaba a unas cuadras caminando de mi hotel. Llegué y me encontré con una fila de mujeres de todas las edades que daba ¡dos vueltas a la plaza! Sí señores, aunque la fila avanzaba rápido, este maratón lo correrían 25 mil damitas y estuve 45 minutos formada para poder recoger mi paquete.

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Cuando ya lo tenía en mis manos, me dediqué a recorrer la expo, que estaba llenísima de gente y amenidades para mujeres corredoras: cremas, audífonos, maquillaje, shampoos, bras, comida, miles de cosas bonitas y ricas y todo en colores pastel. El Disney de las corredoras, pues.

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Podías decir a qué cáncer habías sobrevivido.

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Este era mi objetivo y me sonaba de locos.

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Esta niña, mientras corría, producía electricidad para cargar mi iPhone.

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Todo era orgánico xD

Tras comer algo y hacer unas cuántas compras, regresé a mi hotel, me cambié y salí a caminar un rato por la ciudad, necesitaba despejarme y mentalizarme para correr otro maratón, limpiar mi mente de Chicago para atacar con todo San Francisco. De pronto me encontré en jeans y converse caminando entre homeless y borrachos en una calle sórdida cerca del barrio gay de SF. Me sentía sola, libre e invencible.  Volví al hotel para dormir, me di un baño y a las 11 estaba ya acostada.

Muy temprano, Aline, mi roomie y también ganadora del viaje con Netshoes, ya estaba despierta y lista. Yo me sentía como hinchada, como pesada, como cansada, como sin ganas. Así me alisté, comí una barrita PowerBar, un plátano, un poco de bagel y suero y salimos hacia la carrera.

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Nos habíamos inscrito en el primer corral de salida y fuimos las primeras en llegar ahí. Comenzamos a tomarnos fotos y sentir la energía de la gente y, de pronto, la pesadez y todo se me había desprendido, me comenzó a envadir la emoción como una cascada desde el estómago hasta el pecho, estaba a punto de repetir mi locura, cumpliendo mi sueño de viajar por el mundo conociendo ciudades y corriendo maratones, me sentí feliz, feliz y lista para darlo todo. Me había costado tanto ganar ese premio, que lo disfrutaría a cada paso, pensé (y así fue).

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Este fue mi mantra para toda la carrera.

Como fuimos las primeras en llegar y no participaría una clasificación élite, quedamos justo en primera fila.

A punto de salir y yo… tuiteaaaaando.

Ese puntito blanco soy yo. ¡Salí hasta adelante de un mundo de señoritas!

Ese puntito blanco soy yo. ¡Salí hasta adelante de un mundo de señoritas!

A unos metros, en un estrado, estaban Kara Goucher, Shalane Flanagan, Alison Felix y Joan Benoit Samuelson, las mujeres más poderosas, hermosas y representativas de la carrera en Estados Unidos diciendo palabras muy motivantes y haciendo el momento aún más increíble. Todo estaba repleto de chavas todas arregladitas, con sus atuendos coordinados, en rosa, amarillo, naranja, azul y morado, todas lindas, arregladitas y peinaditas, listas para rockear San Francisco un paso a la vez. Se sentía el girl power a tope.

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Esta es Kara corriendo al lado mío <3

Dieron el disparo de salida y así salí, ¡disparadísima! A un lado mío se había colocado Kara Goucher, mi ídolo de las carreras de todos los tiempos y de pronto me encontré corriendo junto a ella, a unos cuántos centímetros, al mismo paso, como en mis más locos sueños. Obviamente el ritmo de Kara, una fondista olímpica, no es sostenible para una mortal como Araizcorre, pero en medio de mi trance ni cuenta me dí y me dejé llevar por su pisada, después de dos kilómetros volteé a ver mi Garmin y me di cuenta de que iba corriendo ¡¡¡a 3:27 min/km!!!

Entonces solté a Kara y aterricé  de regreso a la realidad, en la cual no quería quemarme en los 5K más rápidos de mi vida jajaja.

Bajamos hasta los muelles y nos fuimos pegadas a la costa. La neblina en San Francisco es rarísima. Es tibia y muy densa, muy temprano casi no puedes ver a la persona junto a ti de tan pesada que está la neblina.

En ese momento estaba así, cubría el mar y los edificios y refrescaba la cara, el clima era perfecto, a pesar de estar pegados al mar, la humedad y la temperatura se conjugaban para ofrecernos un día ideal para romper nuestras marcas personales en 42K.ç

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Y así, siempre cerca de la costa, nos fuimos metiendo poco a poco en los parques nacionales de San Francisco.

Por favor chequen la altimetría terrorífica!!!

La altimetría de este maratón es un tema para tratar aparte: de miedo, de miedo, de miedo, infernal, etc. Antes de irme, vi un video de un recorrido de la ruta y su elevación y me quedé impactada O_O pero me sirvió para estar preparada, ya sabía que iba a enfrentarme a eso y entonces cuando llegó la primera subida (la de la milla 6), más que sufrirla la disfruté, pero no era solo una recta, no!!, daba vueltas y vueltas a una gran montaña, no parecía terminar jamás, como en una caricatura. Mi ritmo al subir era catastrófico, por más que le echaba ganas, no lograba bajar de 7min/km.

Hasta el medio maratón, podías ver porras en cada milla, porristas de universidades, carteles ingeniosos y familiares con campanas mientras bajabas una enorme cuesta pegada a la playa, una vista brutal que limpiaba los ojos y la voluntad de seguir.

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Pero pasando la vuelta para el kilómetro 21, donde la mayoría de las participantes regresaban rumbo a la meta, la cosa se ponía un poco desierta.

De pronto estaba solo yo, el bosque espeso, la carretera, alguna corredora a varios metros y un pato en un estanque, eso era todo.

nike womens marathon san franciscoEra al mismo tiempo raro y tranquilizante estar ante un escenario tan verde y desierto, solo yo y mi voluntad, nadie más, nada más. Solo yo y mi objetivo bien claro clavado en la mente.

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De pronto me dolió el tobillo, quise bajar el ritmo y me dije NO, no tienes excusas, no pongas excusas, da lo mejor de ti como uúnica opción hoy, no hay más. Y así fue, continué con mi paso y pronto el dolor se había ido. Iba entonces escuchando las mismas cinco canciones en un loop interminable, como un mantra que repetía una y otra vez en mi cabeza.

De pronto volvimos al lado de la costa, a un lado podía ver la playa y al otro las casitas típicas californianas que había visto un millón de veces antes en películas, bajamos rumbo a la meta con la playa ya a unos metros, la neblina se había levantado un poco y frente a mí se cruzaban surfietas perfectos con cabellos rubios y pieles bronceadas, wetsuit a medio torso y la tabla baj el brazo.

Entonces emprendí mi sprint final, tenía la esperanza de hacer menos de cuatro horas por segunda vez en la semana y sabía que no iba tan mal, esperaba hacer algo así como 1:50.nike womens marathon san francisco 2 finish line

De pronto vi la meta a lo lejos, al acercarme vi el número, no lo podía creer. ¡3:45:05! Había roto mi marca de Chicago por un minuto, estaba feliz y realizada.

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Al cruzar la meta, el locutor dijo mi nombre, yo abracé a Alin y nos tomaron fotos con su bandera de México. Fue de las mejores sensaciones de cruce de meta que he tenido en la vida. Sabiendo que había entregado todo y más, que no me había quedado nada de energía y había superado mi objetivo por mucho. No dejaba de sonreír.

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El todo guapo bombero californiano me entregó mi hermosa cajita de Tiffany con la medalla más linda que he recibido.

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Me tomé foto con él y pasé a la emorme zona de recuperación, que incluía montones de comida, salón de belleza, masajes y tienda de ropa conmemorativa.

Me quité los tenis y caminé entre la arena hacia la playa, donde caminé tranquila, sonriendo y respirando mar.

Después volvimos al hotel en shuttles que el maratón puso para nosotras, descansé un poco y fui a conocer el Golden Gate y pasear un día más antes de volver a México.

 

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Regresé el martes en la mañana y pasé directo del aeropuerto a mi camita. En la noche fui a cenar pizza y brindar con el novio y al otro día volví a mi vida de oficina.

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Esta fue una de las experiencias más increíbles e intensas que he tenido en mi vida como corredora, recomiendo ampliamente que prueben (con mucho cuidad) hacer dos maratones con una semana de diferencia, puedo decir que no salí lesionada y sí descubrí una vez más la enorme capacidad de mi cuerpo.

Usé de nuevo mis tenis Puma Velosis III, las mallas de compresión CWX y mi estrategia de carga de carbohidratos con gomitas Gatorade, punto determinantes para mi éxito en esta competencia.

¡Saludos y gracias por leerme!

 

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10 comentarios

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10 Respuestas a “Crónica del Nike Women’s Marathon de San Francisco

  1. No entiendo el gusto por la cebolla.
    P.D. Muchas felicidades, se ve que te divertiste.

  2. carlos madrid

    Increible cronica…!!!! Felicidades!!

  3. Cada vez que leo cómo describís tus carreras me pongo a llorar de la alegría. Me emociono tanto que pareciera que estoy corriendo con vos. Muchas felicidades, mis respetos. :’)

  4. Rubí

    woooooooooow……… me hiciste llorar!!!… apenas si yo pude terminar un medio y con un tiempo que bueeeeenooo… parecia q iba de rodillas, pero esa sensación al cruzar la meta pff…increible!!! FELICIDADES!!! Soy tu faaaaaaaaaan!!!!! esa parte que cuentas cuando caminas en la arena……. no bueeeeeno,… piel chinita al extremo!!

  5. Iliana

    wowww estoy impactada con tu reseña!!! muchas pero muchas felicidades!! mis respetos!! se me puso la piel chinita cuando comentaste que cruzaste la meta y que mencionaron tu nombre!! y al ver tu cara de felicidad!!

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