Tengo la imagen perfecta en mi mente. Yo, con mis tenis Adidas de concha, discman en mano, pants y camiseta. Sintiendo la tela de la ropa apretada contra mi piel, sintiéndome inflada, gorda. Mi respiración agitada, insoportable, el pecho hinchado, la cara roja, palpitante, el humo de los camiones por un lado y los árboles por otro. Yo en la pista alterna del Estadio Xalapeño sintiendo piedritas entrar a mis tenis y terminando, por fin, 4 kilómetros, 23:30. Mucho mejor que ayer. Volviendo a mi casa caminando, respirando profundamente, sintiéndome plena, completa, feliz.
En estos, mis primeros intentos de correr, mientras respiraba pesadamente, veía a hombres y mujeres rebasarme ágilmente, ligeros, casi flotando. Sus cuerpos eran esbeltos y sus pasos largos, parecían no esforzarse, estaban antes de que yo llegara y se quedaban mucho después de que me iba. Por detrás, sus muslos se veían definidos, con secciones que no había visto en los míos. Su piel brillaba por el sol y parecían tener la mente en otro planeta mientras volaban etéreos. Eran maratonistas.
Para mí verlos era igual que ver a un extraterrestre o al perro con cinco patas. Los observaba, analizaba, no me quedaba claro cómo habían pasado de ser simples mortales a hombres y mujeres que parecían estar tallados en bronce. Como muñequitos de trofeo, brillantes y perfectos.
En algún punto entre esas pesadas carreras y mi primer 10K, en 2008 en el DF, me convencí de que sí podría, no sería fácil, ni rápido, pero a base de resistir y perseverar, llegaría a convertirme en una de esas, mi propia versión, la “Araiz maratonista”. Y pasó, amanecí a las 4 de la mañana del domingo 6 de diciembre de 2009 tomando suero y amarrándome las agujetas, lista para mi gran hazaña. Y me dolió, lo sufrí, lo lloré, lo amé, mi piel se tostó, amé de pronto dar la vuelta y ver el mar, bordear toda la costa cuesta arriba y conocer cada centímetro del puerto con mis pasos. Crucé la meta hecha otra, muerta pero convencida de que podría lograr cualquier cosa que me propusiera, en la vida.
Desde entonces no entiendo mi vida sin maratones. Cuando me diagnosticaron cáncer, un lunes de julio, mi primera pregunta fue: Doctor, ¿puedo correr? -Sí, ¿qué día le programo su cirugía? – El miércoles, por favor. Corrí mi maratón ese domingo, me recuperé lunes y martes, salí a trotar con mis amigos el miércoles y de ahí me fui al hospital.
Cada año lo planeo en torno a los maratones que correré y cada día tengo presente en mi mente mi objetivo. No importa si tomo la hora de la comida para ir al gimnasio y como en mi lugar, no importa si corro en la caminadora de mi casa en la madrugada o en la noche, si sacrifico desvelos o fiestas. Lo único que importa es ese maratón, esa fiesta de 42 kilómetros para la que me estoy preparando.
Desde entonces han pasado ya siete maratones, yo me he vuelto más fuerte y he visto cómo ser maratonista ha cambiado completamente mi forma de ser, de entender la vida y enfrentar sus obstáculos. Me sé fuerte e invencible y ya nada me asusta.
Si tienes la curiosidad, pero piensas que no puedes. Créeme, ¡sí puedes! Esa niña gordita y lenta te lo dice. Inténtalo, ¡aviéntate! No recibirás más que resultados increíbles que jamás terminarán de sorprenderte.
Feliz día del maratonista.
Araiz















Excelente! Me animo a empezar a entrenar para mi primer maratón!; aun tenia muchas dudas pero veo que si se puede
. Thanks
¡Comienza ya! Fija una fecha dentro de unos 6-8 meses, compra tu inscripción y boletos de avión si es en otra ciudad, busca un entrenamiento que se adapte a ti y ¡comienza ya! No te arrepentirás
.
Gracias por el ánimo y sobretodo por todo ese dolor. Saludos
Gracias a ti, cuando aprendemos a disfrutar el dolor, ya estamos hechos como corredores xD ¡saludos!
Feliz día del maratonista.
Igualmente, qué gusto saber de tu de nuevo
wow me sorprende en verdad, yo la verdad aún le tengo miedo a un maratón, pero es mi plan a largo plazo para el siguiente año =)
No tengas miedo, tenle respeto, prepárate bien y verás que por ahí del Km 41 estarás rogando por que no termine
Estoy contigo, claro que puede. A mí me propusieron correr un maratón a comienzos de diciembre de 2005. Pensaba que no sería capaz de hacerlo, pero dos meses después debuté con una gran marca para mí, que me dejó muy satisfecho y de la que me siento muy orgulloso.
Se repite mucho, pero “Querer es poder”. Si no lo creemos, preguntémosles a muchos de los atletas olímpicos si ellos estaban convencidos antes de comenzar en su deporte que algún día iban a estar en tan maravilloso evento deportivo.
Adelante, pasito a pasito, zancada a zancada.
Claro, nos construimos como atletas con cada perqueñísima decisión que tomamos a cada minuto, cada día, es impresionante al paso de los años ver hacia atrás y observar satisfecho la transformación a la que tu voluntad te ha llevado. Felicidades Franfri
.
Como siempre increibles tus reseñas….ya deberias de comenzar a escribir tu libro…te estas tardando!!! y yo me apunto para la firma de autografos!!! Saludos,
¡Gracias amigo! Creo que me acabas de dar una gran idea. Un abrazo
.
Hola Araiz, hace tiempo que leo tu blog y también por facebook. Lo que dices en este blog, seguramente muchos hemos pensado algo similar. Yo siempre había tendió vida sedentaria, pero alguien me animo a correr 10k, lo cual me parecía imposible, pero lo logre y así fui subiendo hasta correr un Maratón. Cuando no corres sientes que los maratones son para semidioses, pero una ves que cruzas la meta sabes que no, que cualquier persona con preparación puede hacerlo. Como digo yo, “Si Adal pudo hacerlo, cualquiera puede”.
¿Te da otro tipo de confianza en tu físico y tu mente, no? Más profunda y completa. ¡Felicidades!